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En el corazón de la Habana Vieja

*Dedicado al escritor alemán Henky Hentschel
No como los otros
Elogio fúnebre por el escritor, periodista e inconforme alemán Henky Hentschel
El hombre anotó como pensaba "¿Por qué no voy a tener una casita (...) y vivir en ella con una mujer , un hijo y además un perro, tener un carro , unos contratos de seguro (...) y morirme algún día lleno de sedantes como los otros cabrones también? ¿Porqué no? “

Esto es lo que piensa Carl sobre la vida. Es el protagonista de la gran novela de Henky Hentschel "Die Häutung" (La muda). Quien conocía a Hentschel sabía que este Carl es el alter ego del autor alemán y la novela no es otra cosa que su autobiografía, un resumen de su vida tan fascinante y chocante que para algunos era su libro favorito, mientras otros no fueron capaces de terminar la lectura por el asco que sentían. Una obra como su vida: intensiva y a plena velocidad. Muchas veces no tuvo ni la más mínima pena .Ya mucho tiempo antes de la publicación de "Feuchtgebiete" (Humedales) Hentschel se bañaba en varios tipos de líquidos humanos; ególatra, pero muchas veces con un gran corazón por los seres humanos. Y por los perros!

En 1970 empezó a ocuparse de otros hombres cuando fundó a la edad de 30 años "Release Heidelberg", el primer centro de ayuda para drogadictos de Alemania. Hentschel trabajó para la radio, hizo películas, fue reportero y escribió artículos para todos los medios famosos de Alemania. Después abandonó Alemania por primera vez y se fue a Elba, donde vivió 13 años como eremita en una granja ecológica, y a pesar de esto, trató de vivir una vida "casi normal". Nos describió este tiempo inusual de su vida en el libro "Die Hunde im Schatten des Mandelbaums" (Los perros a la sombra del almendro)

Pero, ¿cómo se combina la revelación rigurosa de su vida ante los ojos de todo el mundo en "Häutung" por un lado con las observaciones y sentimientos cariñosos y sentimentales por los perros en su libro sobre Elba por otro lado? O, para destacar aún más las contradicciones: con libros magníficos para niños como "Jajas Klau" y "Die Charlies haben die Märchen geklaut" (Los Charlies robaron los cuentos) en el cual los malos roban por la noche todas las letras de los libros infantiles. ¿Había un Dr. Jekyll y un Mr. Hyde en su alma?

Quizás la respuesta es más simple y a pesar de todo el derrotismo (siempre se sentía de cierto modo feliz cuando chocaba con una pared en su vida). Su anhelo por el romanticismo le empujaba a escribir tanto libros de cuentos como "hardcore" , con la misma convicción.

Esta aspiración por el romanticismo también caracteriza a Carl que en París queda entusiasmado por una prostituta caribeña que después de hacer el sexo le pide quedarse un rato con ella. Carl le pregunta si en su país hay más mujeres como ella. "Todas son como yo", le miente. Y los dos se van, Carl en la novela y Hentschel en la verdadera vida, para vivir una odisea en el Caribe. Y ahora empieza la muda dolorosa, porque Hentschel queda despellejado poco a poco.

Los vientos del Golfo de México lo llevan a Guadalupe, la República Dominicana, Haití y Guatemala hasta que aterriza suavemente en Cuba donde por fin, encuentra la mujer que tanto tiempo buscó. Los dos tienen una hija que le llaman Naomi lo que quizás es otra demostración de su anhelo por el romanticismo. En aquella época, a mediados o a finales de los años noventa Hentschel se asentó de verdad. Quizás, como el único alemán en Cuba vive verdaderamente entre los cubanos y describe su vida en textos, libros y reportajes brillantes.

Tiene su oficina, vivienda y punto de vigilancia en el Castillo de Farnés, la Bodeguita en la Habana Vieja donde Fidel Castro y Che Guevara celebraron en 1959 el triunfo de la revolución. Muchas de sus historias tienen su origen aquí, pero también el empeoramiento de su salud debido al aguardiente del Caribe, el ron. Después de algunos años ya no puede trabajar en Cuba y tiene que regresar a Alemania donde casi muere ingresado en un hospital. Buenos amigos de Múnich le sacan del hospital y le ayudan a curarse. En 2008 puede regresar a Cuba. Esto era lo que quería y sabía que su historia iba a terminar aquí.

En la penúltima semana Henky Hentschel se fué definitivamente en extrañas circunstancias, igual que su alter ego al final de "Häutung". Esta vez no para viajar a otra isla caribeña, sino a cualquier lugar "para buscar ahí nuevos problemas". Henky Hentschel falleció a los 72 años.

SVEN CREUTZMANN, Süddeutsche Zeitung, Feuilleton, 5. Sept. 2012

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